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Diario YA


 

El profesor José Escandell titula hoy su artículo "El Estado del bienestar es totalitario"

El Estado del bienestar es totalitario

En nombre de la felicidad somos expropiados de nuestras vidas. El Estado moderno se ha convertido en Estado del Bienestar. Todo lo esperamos del Estado y el Estado se molesta si alguien protesta por sus ingerencias. El Estado tiene obligación de hacernos felices; por lo tanto, tiene derecho a hacernos felices; por lo tanto, no tenemos derecho a resistirnos a que nos haga felices…
Es bonito eso de que todo esté garantizado: la seguridad, la educación, la vivienda, el trabajo, la información, internet, la sanidad, el descanso, la jubilación, el transporte. Cuando algo de esto falla, la gente protesta. «No hay derecho a que pase algo malo». Por eso todas las catástrofes levantan enseguida resentimiento contra el Estado. Porque el Estado es el responsable de todo.
Con un lenguaje enrevesado (aunque los hay peores), escribió L. González Seara: «No se trata de ver el Estado del Bienestar como una secularización del sentimiento cristiano de la caridad y la fraternidad, entendidas ahora como solidaridad. Se trata de comprender dicho Estado social como una sutil aplicación de la razón de Estado al logro de una legitimación del poder racional democrático y a la satisfacción de las exigencias que plantea la ciudadanía legitimadora, en el marco de un desarrollo sin precedentes de la riqueza y de la producción capitalista. Ahí radican los verdaderos fundamentos del Estado Providencia de Bienestar social, establecido en el mundo occidental después de la Segunda Guerra Mundial, a partir de las ideas básicas de Keynes y Beveridge y las experiencias ya vividas en los países europeos» (p. 126, en Las estructuras del bienestar en Europa, 2000).
Perfecto. Está más que claro, a pesar de todo. El Estado del Bienestar transforma la caridad en solidaridad (es decir, la cambia por completo) y consiste en la Razón Dominadora (democrática, por supuesto) Secularizada, cuyo objetivo es el control total de la humanidad. A esto juegan no solamente los progresistas de izquierda, sino también los «liberales» de centro derecha. También el liberalismo se ha casado con el Estado del Bienestar. Nadie protesta: todo el mundo es feliz, comenzando por los políticos.
El Estado del Bienestar existe desde el momento en que los ciudadanos residencian el logro de todos sus bienes en el Estado. Todo viene del Estado. En contrapartida, el Estado se hace dueño de los ciudadanos. Nada les pertenece ya. Ni su hacienda, ni sus hijos, ni sus casas, ni su trabajo. Ya no hay proletarios, porque no hay prole. No obstante, en su generosidad sin límites, el Estado concede que hay un ámbito «privado» en el que cada cual puede hacer lo que quiera. Por ejemplo, drogarse o prostituirse, o ir a misa. Pero lo realmente serio de la vida humana está en manos del Estado, sede del consenso, de la paz y la solidaridad.
 
José J. Escandell

 

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