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Diario YA


 

“Los hombres de estado son como los cirujanos: sus errores son mortales.” François Mauriac.

Tribulaciones de Colau y Ávalos, gracias al TS.

Miguel Massanet Bosch. Cuesta recordar a una señora Ada Colau formando parte de una de estas manifestaciones, con sentadas, de progres para intentar impedir que las fuerzas del orden pudieran llevar a cabo la ejecución de un desahucio ordenado por un juez, en cumplimiento de una sentencia firme. Sin embargo, esta señora formó parte y dirigió a grupos de activistas encargados de impedir que la Justicia pudiera llevar a cabo la labor que el pueblo y sus leyes le encomendaron. Quién la vio arrastrada por el suelo por la policía para desalojarla del lugar que había ocupado para tratar de impedir que los funcionarios cumplieran con su deber; no podría evitar quedar asombrado del cambio experimentado por esta dama, cuyas únicas cualidades  para ocupar un cargo público eran su comunismo bolivariano y su completa entrega a la causa feminista, ya que su preparación y formación no dejaban de ser la de una persona con estudios elementales, ninguno, por supuesto, que avalaran el que llegara a ocupar la alcaldía de una ciudad tan importante como es la capital de Cataluña, Barcelona. Y no hay duda que quienes pensaron que no daba la talla ni era la persona adecuada para ello, dieron en la diana sin fallar en lo más mínimo en su pronóstico.

La verdad es que, no se sabe si en un momento de exceso de entusiasmo por  haber alcanzado una meta que nunca hubiera soñado alcanzar o si, impulsada por su espíritu y condición de ácrata, al poco de ser elegida, afirmó que si no le gustaban las leyes por las que nos regíamos los españoles en una democracia como la española, no tendría el más mínimo inconveniente en ignorarlas. Claro que, si esta señora hubiera estado en otro país de la UE, seguramente una afirmación semejante le hubiera obligado a presentar su dimisión del cargo, para evitar tener que ser despedida a patadas del mismo. Pero, como dicen las malas lenguas de aquellos extranjeros que piensan que, en España, estamos un poco locos; cuando afirman socarronamente que “Spain is different”, aquí parece que los españoles sólo tenemos un Dios, algo a lo que nos  agarramos como lapas a las rocas, consistente en aquel artículo de nuestra Constitución que afirma que existe libertad de opinión y de expresión, algo que ha convertido, el universo digital en el que estamos sumergidos, en un verdadero pandemónium en el que los insultos están permitidos, avalados y protegidos por los tribunales, en detrimento del honor de las personas, de la verdad  y los más elementales derechos de cualquier ciudadano, todo ello en virtud del “sacrosanto derecho de poder expresarse sin tener la necesidad de evitar usar cualquier expresión o termino impropio y malsonante, aunque en cualquier parte de un mundo civilizado se consideraría una bajeza y un delito el utilizarla.

Pero, tanto la señora Colau como este otro ministro del ejecutivo del señor Sánchez, el señor Ávalos, un personaje cuestionado y  sobre el que todavía pesa la sospecha de haber cometido un delito cuando recibió a la ministra venezolana, número dos de Maduro, la señora Delcy Rodríguez, pese a que existía la prohibición europea de que esta señora pudiera aterrizar en cualquier nación de la UE; ambos manifiestamente y culpablemente ignorantes de las leyes por las que nos regimos, no tuvieron inconveniente en pretender aplicar en España sus proyectos comunistas, entre los cuales el privar de los derechos de propiedad a los españoles, parece que es uno de los que más les puede satisfacer y, en consecuencia, la alcaldesa de Barcelona no dudó en erigirse en defensora de okupas, protectora de manteros ilegales y promotora de una serie de disposiciones que, sin encomendarse a Dios ni a la virgen María (algo imposible dada su condición de ateos), saltándose la Carta Magna,  decidieron incordiar a los propietarios de viviendas en Barcelona, estableciendo un impuesto sobre las viviendas vacías y sus propietarios que no las alquilaran y, por añadidura, debieran hacerlo a un precio inferior al de mercado, lo que se pudiera entender como un alquiler social.

Evidentemente estos políticos, Colau y Ávalos, se olvidaron de que, el procedimiento de expropiación tiene su leyes, que se trata de una excepción a los derechos de la propiedad privada que es plenamente reconocida en nuestra Constitución y que requiere de una serie de etapas antes de que la propiedad de la vivienda en cuestión pase a ser del Estado y, todo ello, previo al pago del correspondiente justiprecio a la persona perjudicada. Nada de ello entraba en los planes de la señora Colau, que obviaba el procedimiento acudiendo al ordeno y mando, atribuyéndose unas facultades de las que carecía y cometiendo prevaricación como se encargó de recordarle el TS en una sentencia de julio de 2019, en la que tumbó una situación similar, anulando los impuestos municipales a viviendas vacías.  Por reciente sentencia, del mismo  tribunal, se ha sentado jurisprudencia, al anular los impuestos sobre viviendas vacías por segunda vez, en esta ocasión sobre los que se habían establecido, por el Ayuntamiento de Badalona, sobre viviendas propiedad de los bancos. En esta ocasión, la decisión del TS establece que ese tipo de impuestos “son nulos de pleno derecho y con efecto retroactivo”

No queremos pensar lo que puede ocurrir ni las reclamaciones de daños y perjuicios que se pueden presentar ante la justicia catalana, contra los ayuntamientos que hubieran decidido seguir el ejemplo de la señora Colau. Pero no teman, en este país nadie se alarma, se extraña y, aún menos, se le ocurre pedir la dimisión de los funcionarios o autoridades culpables de semejantes desaguisados, ya que se considera normal que quienes mandan se salten la leyes a la torera, especialmente, si los que ejercen su tiranía son políticos de izquierdas o de la extrema izquierda.

Sin embargo, debemos hacer notar un aspecto que se ha convertido en algo común en todas estas señoras, feministas recalcitrantes, extremadamente sensibles con el supuesto “machismo” que atribuyen a quienes critican sus excesos, sus maneras autoritarias o  su desprecio por la Constitución, convencidas de que su cruzada feminista no debe respetar ninguna disposición por elevado que sea su rango, que, según su criterio, pudiera interferir en la busca de su objetivo fundamental, consistente en sustituir a los hombres, sean cuales fueran lo méritos argumentados para conseguirlo o los obstáculos legales que fuere necesario saltarse para alcanzar su fin. En realidad, visto lo visto, observando a quienes ocupan los puestos de ministras en el gabinete del señor Pedro Sánchez y ateniéndonos a los supuestos “méritos” conseguidos por cada una de ellas; podemos pensar, sin temor a equivocarnos, que el balance de todas ellas y de la gestión que han venido realizando, con la honrosa excepción de la señora Calviño, no puede ser más pobre, desalentador, decepcionante, deplorable en muchos casos y, en todos ellos, matizado y avalado por un evidente sectarismo que las convierte, a todas ellas, en simples mandatarias y ejecutoras de las instrucciones de quien las dirige, el señor Sánchez; al que, no obstante, no lo califican de machista, pese a que es la propia imagen y ejemplo del perfil del macho alfa.

Nos estamos percatando que de los tres poderes que, según Montesquieu, deben existir en un Estado, al menos dos de ellos, el Ejecutivo y el Legislativo, ya han quedado bajo el dominio del actual Gobierno de izquierdas que nos está dirigiendo, si es que lo que está haciendo  se puede calificar de esta manera y no de llevarnos atados del  ronzal hacia un desastre final, si es que persiste, y todo augura que va a ser así, esta orientación de extrema izquierda hacia un desenlace que, no por esperado, deja de ser una verdadera amenaza para la democracia de la que hemos venido gozando hasta ahora. De momento, y no sabemos hasta cuándo, el tercer poder, el Judicial y, en especial, nuestro alto Tribunal el Supremo, parece que sigue siendo la única esperanza para que este gran país, que es España, no acabe siendo sojuzgado por comunistas y separatistas, dos partidos que, hoy por hoy, parece que disponen de todas las ventajas para imponernos su ley.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no nos vamos a cansar de repetir la necesidad de que, todos los que formamos este gran grupo de los que no estamos conformes con el rumbo que el gobierno está imprimiendo a la política española, seamos capaces de reaccionar, todos a una, olvidándonos de las pequeñas diferencias y matices que impiden que seamos lo suficiente inteligentes para presentar un frente común ante aquellos que lo vienen haciendo desde hace tiempo, porque estamos convencidos de que si nos unimos y somos capaces de reaccionar a tiempo, todavía tenemos esperanzas de poder volver a recuperar el orgullo de ser españoles y la capacidad, tal y como hemos venido haciendo en otras ocasiones, de sacar a nuestra patria del marasmo y la deriva en las que, los que quieren dividirnos, parecen empeñados en sumergirnos.