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Diario YA


 

Editorial, domingo 6 de julio de 2008

Leyre Pajín, o lo que queda del PSOE

Es gracioso, aunque también un poco grotesco, ver cómo los dos grandes partidos organizan congresos para repartir el poder entre los segundones. Ignoramos cuánto puede costar la organización de estos “saraos” particulares (con toda certeza, lo pagaremos los ciudadanos), pero sólo por ver sonreír a los agraciados con cargo merece la pena hacer ese pequeño esfuerzo. Por una sonrisa de Pajín, lo que haga falta.

Y es que la política española nos vuelve a demostrar la vacuidad que la caracteriza desde hace algunas décadas. El país asiste conmovido a una reunión de prohombres socialistas que acaban de ganar unas elecciones hace cuatro días, y aún así, necesitan verse para discutir no se sabe qué principios y “modelos”. Lo mismo cabe decir del PP, que monta un show nada rentable en Cataluña para que dos lobas en celo se peguen por un buen sillón público. En el fondo, nada importante de lo que hablar. Nada que afecte a la vida normal de los españoles.
 
Capítulo aparte merecen los aspirantes a trincar un milímetro de ubre pública (sigue siendo la mejor, porque no se agota nunca) tanto en un partido, el que gobierna, como en el que aspira a gobernar un lustro de estos.
 
El cónclave izquierdoso-zapateril ha dado como fruto principal la sustitución de José Blanco por la joven Leyre Pajín en la Secretaría de Organización del partido. Blanco pasa a ser vicesecretario general del PSOE (o sea, quien dará la cara ante la prensa cuando Zapatero esté fuera de España o se encuentre indispuesto). Pajín, conocida hasta el momento por haber dirigido la Secretaría de Estado de Cooperación Internacional a las órdenes de Moratinos, será la número tres del partido que sostiene el Poder Ejecutivo en España. Se lo prometemos a ustedes.
 
Pajín, como Bibiana Aído, Carmen Calvo o la señora Salgado (que se pidió un zumosol cuando le ofrecieron un vino de Rioja en un acto público celebrado en Logroño), representan la parte más chusca y lamentable del feminismo de cuota que han establecido los dos grandes partidos políticos de España. Señoras que están en el poder por la única razón de que son señoras, con currículos verdaderamente irrisorios, incapaces de hablar sin cometer faltas de ortografía (ya no digamos escribir). Una verdadera vergüenza para cualquiera que sea consciente de lo que debe ser un sistema democrático.
 
En Cataluña, la candidata popular de Génova se ha impuesto a la rebelde Nebrera, y doña Ana Mato ha sido duramente abucheada por algunos “alborotadores”. Ni la una ni la otra pretendían seguir el camino que abrió Alejo Vidal Cuadras, y que es el único que representa fielmente el sentimiento y las ideas de la mayoría de los votantes del PP en esa región española. Da igual. Las direcciones de los partidos no están para escuchar críticas ni pensar. Lo importante es gastarse una millonada en organizar una buena fiesta privada, con cámaras de televisión que lo graben todo. Y a eso lo llaman “congreso”.

 

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